De nuevo en Kiel

Enero 12, 2009

Y aquí estoy de nuevo en Kiel, después de la perreta que me entró y no quería volver. Y en fin, es raro pero siento esto como una segunda casa. Es verdad que aún no he hecho buenos amigos y tampoco me he echado novio o al menos no de los de verdad. Pero tampoco me disgusta tanto estar aqui. Cada dia descubro algo que me sorprende y hace mi día, como descubrir que un finlandes puede ser extremadamente gracioso durante unas buenas horas.

Ayer decoré mi cuarto y lo llené de fotos bonitas, momentos que permanecerán imperecederos en la tinta. Cada vez que entro en el cuarto me quedo un segundo mirando las fotografías y es que…. tienen mucho que decirme aunque carezcan de voz. Además colgué la muñeca que me regalaron mis padres por navidad y que es tocaya mia, y la decoré con un solito y una mariquita… jaja, añoranza del buen tiempo.

Ultimamente he fumado un montón, ya es parte de mi vida, a ver si puedo dejarlo para los fines de semana y mucho menos que luego ando como los viejos.

Bien, el tópico de hoy, es que a veces no hace falta ser un buen amigo de alguien para conocer a otra persona o ,al menos, conocer algo que le caracteriza especialmente. A veces una simple clase de inglés te permite conocer probablemente el aspecto más interesante de esa persona sin obtener su amistad, pero sin que el momento pierda su magia, su esencia. Hoy una chica, a la que llamaré Ana, ha dado a conoce uno de los posiblemente mejores aspectos de su persona y todo comenzó hablando de dependencias que se dan en la vida: padres e hijos, jefe y trabador, hasta que nos detuvimos los últimos minutos con la dependencia que existe entre un inválido y la sociedad, y como la sociedad misma aísla al inválido.

Pues Ana, estudia trabajo social, y la forma en que hablaba demostraba que en su interior había un alma filosófica, donde existía la creencia de que todo el mal que nos pase puede hacernos más felices, incluso si por accidente has dejado de ser tu mismo para convertirte casi en un vegetal pudiendo únicamente mover el cuello. Y es que para la mayoría de los mortales, simplemente el pensar en esta situación les pone los pelos de punta, como a mi pero no . Sin embargo esta muchacha, encontraba el lado positivo de la circunstancia pensando que quizás él que había terminado su doctorado, que pudo haber encontrado un trabajo y una bonita chica con la que compartir su vida, ahora tenga unas vivencias ,inválido y únicamente gran memoria, más íntimas y satisfactorias, que a lo mejor le hacen más feliz ahora de lo que era antes.

Lo sé, lo sé, es raro y en principio parece estúpido. ¿Pero quién sabe lo que pasa por la cabeza de un enfermo mental? Dijo que debíamos hablarle como personas normales. Quién sabe si su cerebro generará más endorfinas.

Al terminal la clase me puse a hablar con ella, esa muchacha que solia coser antes de empezar la clase, y le dije que tenía vocación de trabajadora social,( después de todo lo que había oído ). Y ella respondió:

“Cuando mire para atrás, prefiero ver que he ayudado a muchas personas antes que haber amasado una fortuna”

Bueno, yo no creo que las personas que amasen fortunas deban sentirse mal; simplemente creo, y cada vez me acerco a una visión más asiática de las cosas, que cada uno es como es por algún motivo.

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